Fukushima es el nuevo Chernobyl y tras cesar el terremoto el mundo tiembla de terror radiactivo.

Es el momento de sacar del fondo del cajón la clásica chapita amarilla del sol sonriente y recordando el “Nuclear, no gracias” entonar un “os lo dijimos”. Error.

Tras el cuarto seísmo más grande de la historia un devastador tsunami con olas de 10 metros de altura penetra hasta 5 kilómetros en el interior de Japón y la isla principal (Honsu) queda arrasada. ¿Nos falta algo? Sí, el omnipresente pánico nuclear que arrastra el país desde un 6 de agosto de 1945. La central nuclear de Fukushima empieza a encadenar incidentes, fallos, explosiones, fugas… el Primer Ministro nipón pregunta “¿qué coño pasa?” y en Europa los titulares mesurados y tranquilizadores hablan de apocalípsis. El “mineralismo” va a llegar.

Alemania, pais conocido por su propensión a los terremotos y por su riesgo de sufrir tsunamis, anuncia que cerrará las centrales nucleares construidas anteriormente a los años 80 no sea que les pase como en Japón, donde de los 54 reactores que proporcionan el 35% de la energía al país y tras sufrir, como hemos dicho, el cuarto peor terremoto de la historia y uno de los tsunamis más devastadores de que se tiene noticia… después de ese cúmulo de catástrofe natural hay una central nuclear, sólo una, a punto de poner la guinda al pastel al hacerse también su hueco en el podio de las desdichas en dura pugna con los incidentes nucleares de Three Mile Island y Chernobyl.

Y medio mundo clama contra la energía atómica por el más que evidente riesgo de que Fukushima pase a la triste lista de sucesos que acaban con la vida de muchas personas y cambian para siempre (o para muchos años, que cuando tenemos cada año una Boda del Siglo el tiempo es relativo) la faz del planeta.

Empecemos por decir que Chernobyl fue un accidente relacionado con mal funcionamiento, error humano, régimen político desmoronándose, falta de recursos… una tragedia en la que muchas personas murieron y miles quedaron marcadas de por vida, así como algunos de sus descendientes, por obra y desgracia de la radiactividad. Y no se abolieron los reactores nucleares.

Fukushima está aún inconcluso en cuanto a su funesto desarrollo y Dios quiera que la cosa pueda reconducirse. Pero no deja de ser un efecto colateral de un cataclismo imprevisible. El azar. La mala suerte. Un accidente en medio de un imponderable. Y no debería servir para extraer consecuencias erróneas.

De los 54 reactores activos en Japón el día del terremoto únicamente 11 tuvieron que paralizar su actividad. Las estrictas medidas de segurida en la construcción nipona fueron especialmente llevadas al extremo en la planificación de estas plantas energéticas dada la gran actividad sísmica de un archipiélago ubicado en una de las zonas más “movidas” geológicamente del planeta. Y acaban de pasar un exámen concurso-oposicion ante un implacable tribunal compuesto por el tándem terremoto-tsunami con una nota que muchos quisiéramos haber visto a menudo en nuestro expediente escolar, un 9.4.

Explico el razonamiento. Si de 54 reactores en todo el país, una vez comprobado que ahora en su mayoría es un hermoso solar lleno de escombros, es solamente una central nuclear la que la está liando parda, estadísticamente el exámen lo hemos pasado habiendo fallado esa pregunta, pero las restantes estan bien. Saquen la calculadora y califiquen. Y recordamos que ese peligro humeante y radiactivo de Fukushima se construyó en loa años 70. Por eso Angela Merkel pone la fecha a partir de la que cerrar centrales en los años 80, para asegurarse de que las que quedan abiertas cuentan con una construcción aún mas resistente, mejores medidas de seguridad, más modernas…

No es el momento de cerrar unas centrales nucleares que en el caso de España nos pueden proporcionar la energía que tenemos que comprar fuera, especialmente a países estables y tanquilos como Libia. Circulamos más despacio en autovía para ahorrar el equivalente a lo que Garoña produciria si se cerrase un año más tarde de lo anunciado.

De las 8 centrales nuclares españolas (Almaraz, Ascó, I y II, Cofrentes, Garoña, Trillo, Vandellós I y II) una está en proceso de desmantelamiento (Vandellós I), otra está condenada (Garoña cierra en 2013), otra termina su vida útil programada en 2014 (Trillo) , otras dos en 2020 (Almaraz y Vandellós II), al año siguiente Cofrentes y Ascó II en 2025.

En 3 años de 8 centrales habremos pasado a 4 y en poco más de una década no tendremos ninguna. El paraíso de los antinucleares. Pero ¿de dónde sacaremos la energía que necesitaremos?

Los combustibles fósiles serán cada vez más escasos y caros, los biocombustibles todavía no pueden presentare como alternativa o complemento, dejando a un lado que un campo donde se “cultive” combustible no puede alimentar a una población creciente y consume recursos. Y las energías renovables (solar y eólica, fundamentalmente) aún no son tan eficientes ni baratas.

Esta batalla se ganará atacando desde distintos frentes, pero mientras tanto necesitaremos generar cada vez más energía. Cada vez necesitamos más electricidad. Estamos rodeados de aparatos que necesitan un enchufe. Y no podemos construir una Presa de las Tres Gargantas en cada país. Una obra faraónica  que almacena 300.000.000 billones (con B de burrada) de m3 de agua, con 32 turbinas de 700 mW , que inundó 630 km2, 2 ciudades y 12 pueblos y provocó el desplazamiento de más de 2 millones de habitantes y que cuando comenzó su construcción en 1996 se pensó que sería suficiente para proporcionar el 10% de la energia eléctrica necesaria en China y hoy resulta que únicamente es capaz de satisfacer el 3% de la demanda.

Y un terremoto también puede derribar esa presa y acabar con la vida de unas cuantas personas.

Una construcción de hace 40 años ha resistido uno de los peores terremotos de la historia y a continuación uno de los peores tsunamis de la historia. Echa humo y supone un peligro grave y cierto para una gran parte de la población. Pero ha proporcionado muchos beneficios a mucha población durante mucho tiempo, así como sus 53 compañeras en el país del sol naciente.

En España hay cerca de 30 millones de vehículos que a diario nos facilitan en gran medida nuestra actividad. A veces salvan vidas y en ocasiones las quitan. Tantas como unas 2.000 vidas al año. Y seguirán quitando vidas, porque los accidentes suceden. Pero no prohibimos los coches. Y la cosa es que cada vez necesitamos enchufar más móviles, ordenadores, teles… hasta coches…

Un documental del canal Odisea nos plantea pros y contras de la energia nuclear, la más eficiente de las formas de obtener energía que podemos utilizar hasta ahora, y parte de la base del cambio de opinión de dos miembros del partido ecologista británico que tras décadas pidiendo que se cierren los reactores ahora piden justo lo contrario y además proclaman “ojalá hubiese sabido hace años lo que sé ahora”. Quizá sea este  momento, trágico y con un desenlace que puede marcar la vida presente y futura de miles de personas, el momento de plantear una reflexión sobre el uso de lo nuclear incluso a pesar de sus gravísimos riesgos porque si tuviésemos tanto miedo a los accidentes que nos impidiera progresar y desarrollarnos casi mejor nos habría estado quedarnos en la caverna.

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